Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
El nacimiento de Jesús fue un gran acto de amor que hizo por el hombre, ya que por haber nacido por amor al hombre puede también morir por amor al hombre, es decir que entrega su vida por amor.
Como Dios Él se podía haber permitido el lujo de haber nacido en un palacio, pero sin embargo eligió nacer en una cueva. No todos los hombres nacen en cuevas, pero algunos no tienen ni siquiera eso.
Por eso Cristo eligió nacer en un humilde pesebre, para que ningún hombre pudiera echarle en cara a Jesús que por ser Dios no sabe lo que es realmente sufrir y ser pobre.
También podía haber elegido vivir en un hogar muy lujoso y sin embargo prefirió vivir en el hogar de un humilde artesano, el de su papá José. Jesús eligió la humildad ante todo para que nosotros pudiéramos identificarnos con Él.
Si hubiera elegido lo mejor de lo mejor, nosotros no lo sentiríamos ni lo veríamos como un igual.
Y como hombre, también debía morir, pues la vida tiene siempre un final y ese final es la muerte. Y para poder ser un auténtico ser humano, Jesús murió.
Como Dios podía haber elegido morir plácidamente, rodeado de sus amigos y seres queridos. Y por supuesto podía haber elegido morir sin ningún tipo de dolor ni sufrimiento.
Debemos reconocer que muchas personas mueren así, pero lamentablemente otras no, pues son asesinadas, torturadas, o sufren de alguna cruel enfermedad.
Por eso murió en la Cruz, eligió morir sufriendo y padeciendo, sin ningún tipo de comodidades, como tantos otros seres.
Y esto lo hizo para que ninguna persona del mundo pudiera decir que Jesucristo no tenía ni idea de lo que era sentir angustia, miedo, dolores en el cuerpo, o sufrir la traición, la decepción y el fracaso.
De este modo, la muerte en la Cruz, al igual que el nacimiento en la cueva, tuvieron como único objetivo demostrar la grandeza de su amor.
Por eso tanto amó Dios al mundo, que entregó a su único Hijo para la redención del mundo.
Él podía haberse ahorrado esa muerte tan horrible, pero la aceptó por amor y para que nos diéramos cuenta de lo mucho que nos amaba.
La entrega de Jesús es un recordatorio de que el amor verdadero requiere sacrificio y humildad. Aprendamos de su ejemplo y esforcémonos por vivir en amor y servicio hacia los demás.
Pon en práctica tu fe y haz la diferencia
¿Alguna vez has visto cómo mamá o papá dejan de hacer algo que les gusta mucho solo para jugar contigo o cuidarte cuando estás malito? Eso se llama sacrificio y se hace por amor. Jesús, que es el Hijo de Dios, hizo el sacrificio más grande de todos. Aunque Él es el Rey del Cielo, decidió nacer en un pesebre pequeñito y pobre para decirnos que nos entiende perfectamente. No eligió castillos ni coronas de oro, sino que eligió estar cerca de nosotros, especialmente de los que están tristes o no tienen nada.
Jesús también quiso pasar por momentos difíciles, como cuando nos caemos y nos duele la rodilla, para que supiéramos que Él siente lo mismo que nosotros. En la Cruz, Jesús entregó su vida sufriendo mucho, pero lo hizo con una sonrisa en el corazón porque sabía que así nos estaba salvando. Él no quería que tuviéramos miedo de los problemas, sino que supiéramos que Él siempre está a nuestro lado dándonos la mano. Su muerte no fue un final triste, sino una prueba gigante de que su amor no tiene límites.
Aprender sobre la vida de Jesús nos ayuda a ser niños más buenos y agradecidos. Él nos enseñó que ser importante no es tener los juguetes más caros, sino tener el corazón más grande. Cada vez que ayudamos a alguien o perdonamos a un amiguito que nos hizo una travesura, nos parecemos un poquito más a Jesús en la Cruz. Él nos regaló su vida entera para que nosotros pudiéramos ser felices y vivir siempre cerca de Dios, sintiendo su protección como un manto cálido que nos cubre.
Esta semana, cuando veas una imagen de Jesús, recuerda que todo lo que hizo fue por ti. Él te conoce por tu nombre y sabe todo lo que hay en tu cabecita. Al darle las gracias, tu alma se vuelve más brillante y bonita. No importa si somos pequeñitos, nuestro amor es un tesoro para Dios. Vivamos siempre alegres, sabiendo que el mismo Jesús que nació en Belén y murió por nosotros en el Calvario, vive ahora en nuestro corazón y nos ama más de lo que podemos imaginar.
Debemos siempre agradecer a Dios que haya sufrido y muerto crucificado por nosotros.
Y nunca olvidar cuanto nos cuesta aguantar un dolor físico como para poder darnos cuenta de todo lo que debe haber sentido Cristo para poder soportar los padecimientos de la Cruz.
Por eso, como propósito, si queremos a Jesús, no podemos nunca dejar de darle gracias por lo que hizo por nosotros y ofrecerle nuestro corazón y todas nuestras buenas obras como agradecimiento.
Jesús resucita por amor al hombre
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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