Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
En la lección anterior expliqué el motivo por el cual es importante la confesión con el sacerdote y el porqué confesarse directamente con Dios es sólo un paso, y no una confesión completa con perdón incluido.
Ante la molestia que les puede causar lógicamente a muchos el tener que confesarse con una persona, deben recordar siempre que en el momento de la absolución el que perdona es Cristo, no el sacerdote que tenemos enfrente, pues éste en ese momento es sólo un instrumento de Dios, es Jesús perdonándonos.
Todos aquellos que cuestionan el hecho de por qué deberían estar contándole sus pecados a un hombre, piensen que cuentan cosas muy íntimas a un amigo íntimo, o que encima pagan para contárselas a un psicólogo, un psiquiatra o un médico, y al fin y al cabo todos ellos también son hombres con todas sus miserias y pecados, tal como los tiene el sacerdote.
El sacramento de la confesión es gratuito y no sólo perdona los pecados sino que nos ayuda con nuestra alma y nuestra vida.
Si el sacerdote es un gran pecador o está en pecado mortal, es un problema entre él y Dios.
A vos solo te tiene que importar que es instrumento de Dios y que lo necesitás para curar tu alma y salvarte, sanar el corazón por algo que hiciste que no está bien.
Si tuvieras que someterte a una cirugía muy delicada, seguramente te gustaría hacerlo con el mejor cirujano. Y seguramente muy poco te importaría su vida personal.
Si te dijeran que sólo él podría salvarte la vida, pero que ha cometido un grave delito que nada tiene que ver con la medicina, o sea, que no correrías ningún peligro en la operación, ¿dejarías de operarte?
Entonces, si no te importa la vida del cirujano para curar tu cuerpo, tampoco te tiene que importar la vida del sacerdote para curar tu alma.
Y si no te gusta el cura que hay en la Iglesia, buscá otro, no hay problema.
Y tampoco hace falta que cuentes con lujo de detalles tu pecado, salvo que lo desees o busques consejo.
Si tenés un pecado que te avergüenza mucho y no sabés cómo decírselo al sacerdote porque te conoce, o tenés trato con él, o porque después te va a ver de nuevo, o por el motivo que sea, podés ir a otra parroquia lejana o a otra ciudad con un cura al que nunca viste y al que jamás volverás a ver.
Tampoco es obligatorio confesarse siempre con el mismo sacerdote.
Por lo tanto, no hay que preocuparse ni hacerse mucho drama para confesarse.
Nuestra alma está en juego, o sea, nosotros mismos.
¿Alguna vez has visto a un cartero entregando una carta muy importante? El cartero solo lleva el sobre, pero lo que realmente importa es el mensaje que viene adentro y quién lo escribió. Con el sacerdote pasa algo muy parecido. Él es como el cartero de Dios. Aunque es un hombre común que también puede cometer errores o tener un mal día, tiene una misión maravillosa: entregarte el regalo del perdón que Jesús preparó especialmente para ti. Cuando estás en la confesión, no estás hablando solo con un señor, estás hablando con Jesús a través de él.
A veces nos da un poquito de vergüenza contar nuestras travesuras, pero piensa que el sacerdote está ahí para ayudarte, no para regañarte. Imagina que te has caído y tienes una herida en la rodilla; vas al médico para que te cure, ¿verdad? No te importa si el médico también se ha caído alguna vez, lo que quieres es que te ayude a sanar. El sacerdote es como un médico del alma que Jesús puso cerca de nosotros para que nuestras "heridas" espirituales se curen y volvamos a sentirnos felices y ligeros por dentro.
Jesús eligió que fuera así porque Él sabe que nos gusta escuchar palabras de aliento y sentir que alguien nos comprende. El sacerdote ha estudiado mucho para saber darnos los mejores consejos, como un abuelito sabio o un buen maestro. Por eso, cuando entres a confesarte, puedes estar muy tranquilo. Jesús está sentado justo al lado del sacerdote, sonriendo y esperando para decirte: "Te perdono, te quiero mucho y estoy muy orgulloso de que quieras ser mejor cada día".
Nunca dejes de ir a la confesión por miedo o vergüenza. Recuerda que el perdón de Dios es totalmente gratis y es el tesoro más grande que podemos tener. Al salir de hablar con el sacerdote, puedes dar gracias a Dios por habernos dejado a estos ayudantes especiales que nos facilitan el camino hacia el Cielo. ¡Qué alegría es saber que Jesús buscó la forma de estar presente y hablarnos a través de personas que podemos ver y escuchar para decirnos que siempre nos ama!
Si pecaste o querés recuperar tu amistad con Dios, no dudes nunca en confesarte.
El sacerdote no es un enemigo y la confesión no es una sala de torturas, es nuestro pasaporte seguro hacia la vida eterna
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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