Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
Aunque la muerte de su Hijo pareciera haber terminado con todo para María, aún le quedaba mucho por hacer, además, todavía había algo que ella sabía que tenía que suceder porque su Hijo se lo había prometido: la Resurrección.
Puede que no supiera lo que iba a suceder después, pero estaba dispuesta a continuar haciendo la voluntad de Dios sin importar lo que implicara.
Nadie esperaba la Resurrección de Jesús, ni María Magdalena ni las otras mujeres que fueron al sepulcro el domingo por la mañana y lo descubrieron vacío, ni Pedro, ni Juan ni los demás apóstoles creyeron en ello.
Nadie, excepto María, que creyó en la promesa hecha por su Hijo y supo que resucitaría, y por eso no fue a la tumba el domingo por la mañana porque sabía que estaría vacía.
Quizás Jesús apareció resucitado solo para Ella ese nuevo día dándole el primer abrazo como Resucitado, o sea que si fue así, María tuvo su primera alegría después de tanto dolor vivido durante el Viernes Santo.
La fe inquebrantable de María en su hijo le dio la certeza de su Resurrección.
En medio del sufrimiento de Cristo en la Cruz, María se apoyó en Él, mientras que Él dependía de la fe inquebrantable de su Madre en las promesas de Dios.
De haber creído que su separación era definitiva, todo hubiera sido mucho más difícil e insoportable para ambos.
El camino de los muertos es la resurrección, una promesa cumplida a través de Cristo que resucitó de la muerte.
María creyó en esta promesa y encontró consuelo incluso en medio de una gran aflicción. Su fuerza provino de aferrarse a esta creencia, que la animó en tiempos de angustia.
La fe de María fue una luz de esperanza en la oscuridad de la muerte. Ella creyó y fue recompensada con la alegría de ver a su Hijo resucitado.
La Resurrección de Jesús es la piedra angular de nuestra fe cristiana, y es la prueba de que Jesús es el Hijo de Dios y de que la muerte no tiene la última palabra. Es la promesa de que podemos tener esperanza y vida eterna si creemos en Cristo y seguimos sus enseñanzas.
Que la fe de María nos inspire y nos ayude a creer en la Resurrección de Jesús, que nos de la fuerza para enfrentar los desafíos de la vida con esperanza y confianza en Dios, y que, al igual que María, seamos testigos del amor y la misericordia de Dios en el mundo.
Cuando alguien tiene mucho amor y confianza en otra persona se dice que tiene una "fe inquebrantable" en esa persona.
María era una mamá muy especial porque tenía una fe inquebrantable en su hijo, Jesús. Aunque Jesús estaba pasando por momentos muy difíciles en la cruz, María creía firmemente que él iba a resucitar.
Esta creencia le daba mucha certeza y fortaleza a María, si ella hubiera pensado que nunca más volvería a ver a su hijo, todo habría sido más triste y doloroso para los dos, pero ella confiaba en las promesas de Dios y eso la ayudó mucho.
Y tal como fue la promesa, Jesús murió en una cruz, pero después de tres días, volvió a la vida.
Y María estaba muy feliz de ver que Jesús estaba vivo de nuevo. Fue un momento muy importante.
¿Alguna vez te han prometido algo muy especial y has esperado con mucha emoción porque sabías que se iba a cumplir? La Virgen María tenía un secreto en su corazón que le daba mucha paz: ella sabía que Jesús siempre cumplía sus promesas. Aunque el Viernes Santo fue un día muy triste porque Jesús murió en la cruz, María no perdió la esperanza. Mientras todos los demás lloraban y pensaban que ya no verían más al Señor, ella recordaba las palabras de su Hijo y confiaba plenamente en que la muerte no podía vencer al amor de Dios.
Tener fe es como tener una luz encendida cuando todo está oscuro. María fue la única que mantuvo esa luz brillando con mucha fuerza durante el sábado de silencio. Ella no fue corriendo al sepulcro el domingo por la mañana como las otras mujeres, porque en su corazón ella ya sabía que la tumba estaría vacía. María confiaba tanto en Jesús que no necesitaba pruebas; ella simplemente esperaba con paciencia el momento en que volvería a abrazar a su Hijo vivo y lleno de luz celestial.
Imagina la inmensa alegría de María cuando Jesús, más brillante que el sol, apareció frente a ella. Ese primer abrazo debió ser el más hermoso del mundo. Toda la tristeza se convirtió en una felicidad que ya no se acabaría nunca. María nos enseña que cuando confiamos en Dios, los finales tristes se convierten en comienzos maravillosos. Ella quiere que tú también sientas esa seguridad: que Jesús está vivo, que te ama y que siempre cuida de ti y de todas las personas que ya están en el Cielo.
Hoy puedes pedirle a la Virgen María que te regale un poquito de su fe tan fuerte. Cuando te sientas asustado o cuando extrañes a alguien que ya se fue con Dios, recuerda que la muerte es solo como un sueño del que despertaremos en el Paraíso. Al igual que María esperó con confianza, nosotros podemos vivir con el corazón contento porque sabemos que Jesús ganó la batalla y nos abrió las puertas del Cielo. ¡Qué bonito es saber que nuestra Mamá del Cielo siempre tuvo razón al confiar en su Hijo!
Ayudar al niño, imitando a María, a sentirse confiado y absolutamente seguro de la resurrección y tratar que entiendan que sus seres queridos fallecidos, como los abuelos, no han muerto para siempre, sino que continúan viviendo.
Esto les hará comprender que podemos ayudar a nuestros muertos a través de nuestras oraciones y ofrendas de misas.
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FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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