EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VISITA DE LOS PASTORES La historia del nacimiento de Jesús es un relato fundamental que celebra la llegada del Salvador al mund...
El sacramento de la Penitencia o la Confesión es el sacramento de la misericordia por excelencia, ya que a través de éste la misericordia de Dios llega al hombre.
La gracia divina de este sacramento sirve no sólo para perdonar los pecados, sino que también para darnos la fuerza necesaria para no volver a cometerlos.
Pero se debe dejar bien en claro que esa fuerza no significa que después de confesarnos ya no podamos volver a caer y cometer los mismos pecados de los que nos habíamos arrepentido, sino que Dios nos da una fuerza especial para luchar contra las tentaciones, y nosotros debemos ser capaces de colaborar con esa gracia que Dios nos dio.
Dios es el bien absoluto, por eso, nos perdona mucho antes de que nosotros se lo pidamos, porque su misericordia no está supeditada a nuestro pedido de perdón.
Pero el perdón de Dios llega a nosotros sólo cuando le pedimos perdón desde el corazón, con verdadero dolor y arrepentimiento por lo que le hicimos al prójimo o por lo que le hicimos a Dios.
Además, es importante tener propósito de enmienda, es decir, proponerse firmemente no caer en ese pecado o en la tentación.
Si cuando vamos a recibir el sacramento de la confesión no estamos arrepentidos verdaderamente y pedimos perdón sólo de palabra sabiendo que vamos a seguir pecando sin intentar evitarlo, la confesión no es válida sencillamente porque no lo estás haciendo de corazón y no tenés la mínima intención de mejorar o corregir.
El perdón y la misericordia de Dios llegan realmente a nosotros luego de habernos confesado, pues no basta sólo con el arrepentimiento, ya que Dios nos dio este sacramento para que recuperemos nuestra amistad con Él.
La confesión es indispensable si cometemos pecado mortal, pues si tenemos la facilidad y la posibilidad de acudir al sacramento de la penitencia y no lo hacemos porque no nos interesa, corremos el riesgo de terminar en el infierno si morimos en forma inesperada.
En cambio, si se está en peligro de muerte y se cometió pecado mortal, pero hubo arrepentimiento sincero, dolor por el pecado, firme intención de confesión y no hay posibilidad de confesarse con un sacerdote, Dios perdonará el pecado.
Cuando el pecador está arrepentido y pide perdón con sincero propósito de enmienda, entonces se debe ser misericordioso con el pecador a pesar de no ser tolerante con el pecado.
Dios ama al pecador pero no a su pecado.
Es importante no confundir misericordia con tolerancia:
La misericordia
Es con el pecador, implica el arrepentimiento y la conciencia de que se ha pecado y se desea no volver a cometer el mal que se hizo
La tolerancia
Es sólo ser comprensivo con el pecado y no con el pecador, o sea, se trata de no considerar malo lo que es malo, o de no considerar pecado lo que realmente lo es.
Es importantísimo enseñarle el niño ya desde pequeño a que debe reconocer sus faltas y a pedir perdón por ellas en vez de justificarlas.
Proponerse no tolerar ni justificar nuestro propio pecado, sino que darse cuenta del error y hacer todo lo posible para evitarlo, pero siempre recurriendo a la gracia de la misericordia de Dios con el arrepentimiento sincero y el sacramento de la confesión
Dios perdona a través del sacerdote
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