EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VISITA DE LOS PASTORES La historia del nacimiento de Jesús es un relato fundamental que celebra la llegada del Salvador al mund...
Tal como expliqué en las lecciones anteriores, el sacramento del bautismo tiene el don de perdonar el pecado original y los personales, y el don de hacernos hijos adoptivos de Dios.
El Bautismo tiene además un tercer don: nos hace miembros de la Iglesia.
Si cada bautizado es un hijo de Dios y un hermano de Jesús, esto implica que todos los bautizados forman una gran familia.
Si tenemos a Dios como "Padre" y somos hijos suyos, esto significa que somos hermanos del resto de los hijos de Dios, o sea de todos los demás hombres que comparten con Dios la misma filiación divina.
Por lo tanto, la Iglesia es la familia de los hijos de Dios.
Esto deja bien claro que pertenecer a la Iglesia no es lo mismo que pertenecer a un club o una asociación, pues no somos socios, sino que tenemos una relación familiar, la de hijos y hermanos, donde todos juntos formamos una sociedad, la familia de los hijos de Dios, la familia de Dios.
Esa sociedad familiar es lo que llamamos Iglesia.
Por lo tanto, si la Iglesia es nuestra familia espiritual, debemos comportarnos con ella del mismo modo que lo hacemos con nuestros familiares directos.
Debemos considerar que cuando la Iglesia es atacada, perseguida o tiene problemas, eso le está pasando a los miembros de nuestra familia.
Esto es muy importante y se debe entender bien, porque si no, jamás lograremos sentir amor por la Iglesia, ni deseos de cuidarla, defenderla, o ayudarla, ya que sin amarla la veremos como algo ajeno a nuestra vida.
Y tal como ayudamos a los miembros de nuestra familia si están pasando alguna necesidad, también debemos ayudar a la Iglesia económicamente.
Y la ayudamos en sus necesidades no por ser una institución a la que pertenecemos y de la que nos beneficiamos, sino que simple y básicamente porque es nuestra familia.
Respetar, amar y ayudar a la Iglesia.
Si alguien ataca a la Iglesia, defenderla.
Y no importa la edad que tenga un niño para ayudar con una limosna, pues por más pequeña que sea, lo importante es que la de con amor y sabiendo que está dando lo mejor o lo más que puede para ayudar a otros que tienen menos.
Es fundamental que ya de pequeños aprendan a sacrificar algo de sus ahorros o de sus pertenencias o de su tiempo, para que comiencen a sentir el placer y la dicha de dar
La Penitencia, el sacramento de misericordia de Dios
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