Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 5 Actualizado el 13 de enero de 2026 Hoy hablamos sobre la venida del Espíritu Santo, un acont...
Actualizado el 13 de enero de 2026
En esta parte de la historia, nos enfocamos en el Edicto de Milán y su impacto en la Iglesia Católica.
Con la llegada de Constantino al poder, el cristianismo comenzó a recibir el recognition que merecía, lo que permitió la construcción de iglesias y la distribución de bienes a los cristianos. Sin embargo, este nuevo tiempo de paz trajo consigo el surgimiento de preocupaciones, como fueron las herejías que comenzaron a surgir en la Iglesia, poniendo a prueba la fe de muchos.
Las luchas doctrinales que siguieron pusieron en riesgo la unidad de los creyentes y destacaron la necesidad de una sólida formación en la fe para todos los cristianos.
Desde el día en que Constantino entró triunfante en Roma, la Cruz fue el remate de su corona y del Capitolio. Hizo construir iglesias en Roma, Constantinopla y Jerusalén, decorándolas magníficamente.
Colmó de honores a los ministros del Señor, y queriendo que el Vicario de Cristo tuviera una digna morada, entregó a los Papas el palacio de Letrán.
Por deferencia al Romano Pontífice, trasladó la capital del imperio a Bizancio, que luego se llamó Constantinopolis.
Además, envió misioneros a los pueblos bárbaros que le estaban sumisos, para convertirlos al cristianismo.
Finalmente, en el año 313 publicó Constantino el famoso Edicto de Milán que fue recibido con inmensa alegría en todo el imperio, pues por él los cristianos podían ejercer libremente su culto, a la par de los gentiles, y se les devolvían los templos y bienes de que habían sido despojados.
El Edicto de Milán, de este modo, puso término a las persecuciones y dio oficial y solemnemente paz a la Iglesia.
Pero lamentablemente apenas terminaron las persecuciones, aparecieron otros enemigos más temibles que los emperadores romanos: los herejes.
Los herejes eran personas que con sus errores doctrinales turbaron la paz de la Iglesia y le causaron mayores daños que las más sangrientas persecuciones.
Los errores, es decir las herejías, fueron abundantes y de todo tipo, por ejemplo decían que Dios era una cosa y el creador del mundo era otra; que Jesucristo no tenía un verdadero cuerpo, sino que un cuerpo aparente; que las personas eran buenas o malas según los dominaran el espíritu del bien o del mal; que Jesús no era hijo de Dios; que el Espíritu Santo no era divino, etcétera.
Hace mucho tiempo, los amigos de Jesús tenían que esconderse para rezar porque algunas personas no comprendían su amor por Dios. Pero un día, un gobernante llamado Constantino vio una señal del cielo y comprendió que la Cruz de Jesús era el símbolo más hermoso de todos. Él escribió una carta muy importante llamada el Edicto de Milán, que fue como abrir las ventanas de una habitación oscura para que entrara la luz del sol. Gracias a esto, los cristianos pudieron construir iglesias hermosas y llevar flores a la Virgen María sin tener miedo.
Imagina que después de una tormenta muy larga, por fin sale el arcoíris y todos pueden salir a jugar al parque. Eso sintieron los cristianos cuando llegó la paz; por fin podían decir en voz alta que amaban a Jesús. Constantino ayudó tanto que regaló lugares especiales para que los Papas vivieran y envió a muchas personas a contar la historia de Jesús a otros pueblos que aún no la conocían. Fue una época de mucha alegría donde la Iglesia empezó a crecer como un árbol fuerte y lleno de frutos buenos para todo el mundo.
Sin embargo, después de la paz aparecieron algunas personas que se confundieron y empezaron a decir cosas que no eran ciertas sobre Jesús, como si alguien intentara cambiar las reglas de un juego que ya conocemos. A estas ideas equivocadas las llamamos herejías. Por eso, es muy importante escuchar con atención lo que nos enseñan en la catequesis, para que nuestro corazón siempre sepa distinguir la verdad. La Iglesia es como nuestra familia, y en la familia nos cuidamos unos a otros para que nadie se pierda del camino que nos lleva al Cielo.
Ser parte de la Iglesia es una aventura maravillosa que comenzó hace miles de años y sigue hoy contigo. Aunque a veces surjan dudas o personas que no entiendan nuestra fe, nosotros nos mantenemos unidos al Papa y a los sacerdotes. Cada vez que aprendes algo nuevo sobre la historia de nuestra Iglesia, te haces más fuerte y más sabio. Recuerda siempre que Jesús es el centro de todo y que Él prometió acompañarnos todos los días, protegiendo a Su Iglesia para que la luz de la verdad nunca se apague.
Esta semana, investiga sobre un santo o figura importante que haya defendido la fe católica contra las herejías. Comparte lo que aprendiste con tus amigos o familiares, destacando la importancia de mantenerse firme en la fe y conocer lo que realmente creemos.
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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