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Actualizado el 13 de enero de 2026
El agradecimiento es una virtud que nos lleva a hacer la voluntad de Dios no solo en nuestras obras, sino también en nuestro corazón. Debemos practicar el agradecimiento no solo porque es nuestro deber, sino porque lo hacemos por amor al Señor, quien nos ha dado todo.
Una virtud se convierte en tal cuando se convierte en un hábito y una costumbre, y cuando se vuelve difícil practicarla.
Agradecer a Dios por tener un hijo es justo, pero agradecerle cuando ese hijo ha muerto es un acto de virtud. Lo mismo ocurre con la salud: agradecerle a Dios por tener buena salud es justo, pero agradecerle por la salud que ya no tenemos o que apenas conservamos, es virtuoso.
Si miramos el ejemplo de María, su obediencia y humildad le llevaron a decir "sí" a Dios incluso cuando eso significaba correr graves riesgos. Cada vez que decía "sí", era más difícil y más virtuoso hasta llegar al "sí" final pronunciado silenciosamente al pie de la Cruz aceptando la muerte de su Hijo y convirtiéndose en nuestra Madre y abogada ante los asesinos de Cristo.
Para llegar tan alto en disponibilidad, fidelidad y obediencia, debemos tener un gran amor en nuestro corazón. Agradecer por lo que ya no tenemos o por lo que hemos tenido es un grado extremadamente virtuoso de gratitud. También es vivir el agradecimiento de forma extrema y virtuosa cuando todavía queda algo después de haber pedido sin obtener la respuesta deseada.
El agradecimiento es una virtud que debemos practicar no solo en nuestras obras, sino también en nuestro corazón. Debemos agradecer por todo lo que Dios nos ha dado, incluso cuando ya no lo tenemos o cuando todavía queda poco.
El ejemplo de María muestra cómo la obediencia, humildad y amor pueden llevarnos a niveles extremadamente altos de gratitud virtuosa.
Ser agradecido es una cosa muy buena que nos hace seres felices y contentos. Debemos dar gracias no solo por las cosas buenas, sino también por las cosas malas porque todo lo que tenemos viene de Dios.
Siempre debemos tener amor en nuestro corazón para poder ser buenos y agradecidos como María, que siempre dijo "sí" a Dios sin importar lo difícil que fuera.
Dar gracias por lo que ya no tenemos o por lo poco que queda después de pedir mucho es algo muy especial y virtuoso. Dar gracias es una cosa muy buena que debemos hacer siempre en nuestro corazón y en nuestras acciones.
¿Sabías que decir "gracias" es como abrir una ventana para que entre la luz del sol en nuestro corazón? Ser agradecidos no es solo una palabra que decimos cuando nos dan un caramelo, es una forma de mirar el mundo con los ojos de Dios. María, nuestra Mamá del Cielo, era la persona más agradecida de todas. Ella sabía que cada rayito de sol, cada flor y hasta el aire que respiramos son regalos que Papá Dios nos envía porque nos ama muchísimo. Por eso, ella siempre tenía una sonrisa y un "gracias" listo para el Señor.
A veces es fácil dar las gracias cuando todo sale bien, como cuando ganamos un juego o comemos nuestra comida favorita. Pero la verdadera magia de la gratitud aparece cuando somos capaces de agradecer incluso cuando las cosas se ponen un poquito difíciles. Imagina que se rompe tu juguete preferido; en lugar de ponernos muy tristes, podemos decirle a Dios: "Gracias por todo el tiempo que pude jugar con él". Eso nos ayuda a que nuestro corazón no se llene de nubes grises y a recordar lo felices que fuimos.
Ser agradecidos nos hace niños mucho más felices porque nos enseña a valorar lo que sí tenemos, en lugar de llorar por lo que nos falta. Si un día te sientes un poquito desanimado, intenta hacer una lista de tres cosas por las que darías gracias: quizás por el abrazo de mamá, por tu perrito o por haber visto una mariposa. Al hacer esto, notarás que la tristeza se va volando. María siempre hacía esto; ella confiaba tanto en Dios que sabía que incluso en los momentos difíciles, Él estaba cuidándola.
Te invito a que cada noche, antes de cerrar tus ojitos para dormir, hables un ratito con María y con Jesús. Cuéntales qué fue lo que más te gustó de tu día y dales las gracias por estar siempre a tu lado. Al practicar el agradecimiento todos los días, tu alma se volverá fuerte y brillante como una estrella. Recuerda que un niño que sabe dar las gracias es un niño que entiende cuánto lo ama Dios, y eso es el tesoro más grande que podemos tener en la vida.
Es importante que el niño aprenda a agradecer no solo por lo que posee en el presente, sino también por lo que tuvo en el pasado. Además, cuando se sienta falto de algo, es fundamental que se concentre en lo que sí tiene y exprese su gratitud por ello.
El agradecimiento como apostolado
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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