EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VISITA DE LOS PASTORES La historia del nacimiento de Jesús es un relato fundamental que celebra la llegada del Salvador al mund...
Tal como vimos en la lección pasada, la gracia del sacramento del Bautismo se nos concede a través de un signo sensible que es el agua.
Pero en el rito del Bautismo, además de agua, encontramos otros signos y símbolos:
Este aceite es recibido por el neófito en el pecho y representa a la fuerza que la gracia del Bautismo le dará para la lucha de la vida.
Simboliza la preparación y protección del alma del bautizado, brindándole el coraje y la fortaleza necesarios para enfrentar las tentaciones y adversidades del mundo. Al recibir este óleo, el individuo es ungido y consagrado, formando una conexión espiritual que lo fortalece en su camino de fe hacia la plenitud cristiana.
Este aceite, se recibe en la cabeza una vez bautizado, y representa la unción por la que se convierte en sacerdote, profeta y rey.
La unción con el crisma no solo marca un momento de consagración, sino que también implica un llamado a vivir en comunidad y a desempeñar un papel activo en la misión de la Iglesia. A través de esta unción, el bautizado queda configurado con Cristo, siendo señalado como miembro del pueblo de Dios y como responsable de difundir su luz y amor en el mundo.
Se le impone al que ya ha sido bautizado una vez que ha recibido el crisma, pues significa que está en gracia de Dios ya que todos sus pecados han sido perdonados.
Esta vestidura blanca simboliza la pureza y el nuevo comienzo que representa el Bautismo, recordando al fiel su condición de hijo de Dios. Al vestir esta túnica, el bautizado es llamado a vivir en coherencia con su nueva identidad, reflejando la luz de Cristo y su compromiso de mantener esa pureza a lo largo de su vida.
Este símbolo representa que, del mismo modo que Cristo resucitó y venció al pecado, así ahora, tras el Bautismo, el Señor ha vencido al pecado en el que acaba de ser bautizado.
Los Padres, o el mismo bautizado si es un adulto, recibe una vela que se enciende del Cirio Pascual pues representa a Cristo
Esta luz, que se recibe en la celebración del Bautismo, es un recordatorio de que el bautizado ha sido llamado a ser luz del mundo. Es un símbolo de esperanza y fe, indicando un nuevo camino, donde cada cristiano debe esforzarse por llevar esa luz a todos los rincones de su vida y a aquellos que lo rodean, caminando así en la fe y el amor de Cristo.
Este es un momento muy importante en el rito del bautismo, pues pone de manifiesto que el adulto que va a ser bautizado o los que solicitan el Bautismo en caso de ser un niño, son conscientes de que al bautizarse asumen la fe concreta de la Iglesia y un estilo de vida que busca hacer el bien y evitar el mal, imitando a Jesucristo.
Es un compromiso profundo que establece la base de la vida cristiana, indicando que el bautizado se aleja de las fuerzas del mal y de la autocomplacencia. A través de esta renuncia, se reafirma la voluntad de vivir conforme a los valores del Evangelio, abrazando una vida de fe, esperanza y caridad, con el objetivo de ser un verdadero testigo de Cristo en el mundo.
Aunque hayamos sido bautizados cuando éramos un bebé o un niño pequeño, debemos recordar que el estar bautizado significa aceptar la fe de la Iglesia e intentar vivir como un verdadero católico.
El Bautismo nos quita el pecado original
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