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Actualizado el 13 de enero de 2026
Jesús no ayuda sólo con sus seis presencias en la tierra, sino que también lo hace a través de los sacramentos, uno de los cuales, la Eucaristía, es presencia real suya.
Los sacramentos tienen como finalidad darnos la gracia de Dios para un objetivo concreto. Cristo mismo actúa a través del sacramento, por lo tanto, es Jesús mismo quien nos da la gracia. Esto quiere decir que es Cristo quien bautiza, quien consagra, y quien perdona, haciéndolo a través del sacerdote.
Es indispensable entender que es Cristo y no el sacerdote de turno el que está otorgando la gracia, ya que esa gracia otorgada por el sacramento no está ligada a la santidad del sacerdote que lo administra, pues no es éste quien la otorga, sino Jesucristo.
Los sacramentos son como puertas que nos abren a una relación más profunda con Dios. Cada uno de ellos tiene un significado especial y nos ayuda a crecer en nuestra fe. Por ejemplo, el Bautismo nos limpia del pecado y nos hace parte de la familia de Dios. La Eucaristía, que es el sacramento de la comunión, nos permite recibir a Jesús de una manera muy especial, alimentando nuestro espíritu y acercándonos más a Él.
Además, los sacramentos son momentos de alegría y celebración en nuestras vidas. Cuando vamos a una misa, podemos experimentar la presencia de Jesús de una manera única, y al recibir los sacramentos, sentimos su amor y protección. También son una forma de recordar que no estamos solos; tenemos a Dios y a la comunidad de fieles a nuestro lado. Cada vez que participamos en un sacramento, reafirmamos nuestro compromiso de seguir a Jesús y vivir de acuerdo a su enseñanza.
Al recibir los sacramentos, no solo nos acercamos a Jesús, sino que también fortalecemos nuestra fe y nos llenamos de su gracia. Cada sacramento es una oportunidad de renovarnos y sentir el amor de Dios en nuestra vida diaria. Es como si cada uno de ellos fuese un regalo especial que nos ayuda a ser mejores personas y a vivir en armonía con los demás.
Recuerda, recibir los sacramentos no es solo un rito, es una experiencia que transforma nuestras vidas. A través de ellos, Jesús está siempre presente y listo para guiarnos en nuestro camino de fe.
Existen dos condiciones indispensables para poder recibir los sacramentos:
La actuación de la gracia del sacramento no depende de la santidad del que lo recibe, pero los frutos que produce el sacramento si están relacionados con la disposición del que lo recibe.
Además debemos tener presente que los sacramentos son también un recordatorio de las promesas que Dios nos ha hecho. A través de ellos, nos ayuda a recordar que somos seres amados por Él, que siempre está dispuesto a perdonarnos y guiarnos por el camino correcto . Así, cada vez que recibirnos un sacramento, podemos sentir la gracia de Dios fluyendo en nuestras vidas, ayudándonos a ser mejores personas y a compartir su amor con los demás.
¿Alguna vez has recibido un regalo tan especial que te hace sentir muy feliz y fuerte por dentro? Los sacramentos son precisamente eso: siete regalos maravillosos que Jesús nos dejó para que siempre tengamos Su gracia con nosotros. Imagina que el alma es como un jardín precioso que necesita cuidados especiales para que las flores de la bondad crezcan siempre hermosas. Los sacramentos son como el agua, el sol y el abono que Dios nos envía para que nuestra amistad con Él sea cada día más grande y nunca nos sintamos solitos en el camino.
Cuando recibimos un sacramento, es el mismo Jesús quien viene a abrazarnos, aunque use las manos y la voz del sacerdote. Por ejemplo, en el Bautismo Jesús nos dice: "¡Bienvenido a mi familia!", y en la Confesión nos dice: "No te preocupes, yo te perdono y te ayudo a ser mejor". Son momentos de mucha fiesta en el Cielo porque cada vez que participamos de ellos, nuestro corazón se llena de una luz especial que nos ayuda a portarnos bien, a ser obedientes y a repartir mucho cariño a todas las personas que conocemos.
Es muy importante recordar que estos regalos son para siempre y que nos acompañan en todos los momentos de nuestra vida, desde que somos bebés hasta que somos muy ancianos. Jesús nos conoce por nuestro nombre y sabe exactamente qué tipo de fuerza necesitamos en cada momento; por eso inventó siete sacramentos diferentes. Al recibirlos con alegría y respeto, estamos permitiendo que la santidad de Dios entre en nosotros y nos transforme en niños llenos de paz y de verdadera alegría cristiana.
Que esta semana vivas con la ilusión de saber que tienes a tu disposición los tesoros más grandes de la Iglesia. Al acercarte a los sacramentos, hazlo con un corazón agradecido, sabiendo que es un encuentro personal con el Rey del Cielo que te ama muchísimo. Estos signos sagrados son la prueba de que Dios nunca nos deja solos y que quiere alimentarnos, sanarnos y fortalecernos para que un día podamos vivir con Él para siempre en Su Reino de luz.
Para poder darnos cuenta de lo que Dios hace a través de los sacramentos, no dejar pasar esta semana sin habernos confesado y comulgado.
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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