EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VISITA DE LOS PASTORES La historia del nacimiento de Jesús es un relato fundamental que celebra la llegada del Salvador al mund...
Tal como expliqué en las lecciones anteriores, después de la Ascensión, sabemos que Jesús está en el cielo, pero también se quedó en la tierra para ayudarnos a través de seis presencias.
En cada una de esas presencias de Jesús hay un don, pero también en cada una de ellas hay algo que aportar
La Eucaristía: nos da consuelo y fuerza.
Se nos pide ir a Misa y estar en gracia de Dios
La Jerarquía: nos da luz.
Se nos pide obediencia
La Palabra: nos da luz.
Se nos pide leerla y meditarla
La Conciencia: nos da luz.
Se nos pide fidelidad a la jerarquía y a la oración
La Comunidad: nos da fuerza y alegría.
Se nos pide unidad
El Prójimo necesitado: es la prenda del Cielo.
Se nos pide el ejercicio de la caridad.
Estas presencias reales de Jesús son verdaderos remedios, como los que compramos para el cuerpo.
Y cada una cumple su función específica, según nuestras necesidades.
Podemos comulgar o participar en alguna reunión con los hermanos en la cual esté presente el Señor en medio de los discípulos. También podríamos buscar la oración personal y la meditación, dedicar tiempo a la adoración eucarística o leer textos espirituales que nos fortalezcan.
La música sacra o los salmos también pueden ser una fuente de consuelo y ánimo.
Podemos leer el Evangelio, rezar pidiéndole a Jesús que nos diga lo que debe decirnos a través de nuestra conciencia, o escuchar a la jerarquía. La búsqueda de orientación no solo puede incluir la lectura del Evangelio, sino también la consulta con un director espiritual o la participación en grupos de estudio de la fe.
A veces, compartir nuestras dudas con otros puede llevarnos a una mejor comprensión y claridad.
Podemos confesarnos para estar en gracia de Dios y ayudar a los necesitados para que cuando llegue nuestra última hora Jesús sea sumamente misericordioso con nosotros. Es importante cultivar una relación personal con Dios, basada en el amor y la confianza.
Esto puede incluir la práctica diaria de la oración, la meditación en la misericordia de Dios y la reflexión sobre cómo vivir de manera que refleje el amor de Cristo en nuestras interacciones con los demás.
En cada una de estas situaciones, es esencial recordar que Jesús está siempre dispuesto a acompañarnos, brindándonos consuelo, guía y la fuerza que necesitamos para enfrentar los desafíos de la vida.
No sólo recordar las seis presencias de Cristo en la tierra sino que practicar un encuentro con Él a través de las mismas
Jesús nos ayuda con los Sacramentos
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