¿A Qué Obliga el Cuarto Mandamiento de la Iglesia Católica? Actualizado el 13 de enero de 2026 El cuarto precepto de la Iglesia Católica Apostólica Romana ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
Era domingo, el primer día de la semana, y el tercer día que llevaba Jesús muerto.
Amanecía el alba cuando Jesús salió del sepulcro sin tocar la piedra que lo cerraba, sellada por los guardias de Poncio Pilatos.
Entonces, de repente, bajo un ángel del cielo. Se acercó al sepulcro, derribó la piedra y se sentó sobre ella. Su faz era fulgente como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Ante este hecho los guardias, asustados, quedaron como muertos.
Mientras tanto María Magdalena y otras santas mujeres habían salido muy tempranito de sus casas para ir al sepulcro para poder embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero se preguntaban por el camino quién les apartaría la piedra que cubría el sepulcro para poder entrar.
Pero cuando llegaron al lugar, encontraron quitada la piedra y sobre ella vieron a un joven de túnica blanca, y obviamente, se asustaron. Pero éste les dijo:
"No tengan miedo, ustedes buscan a Jesús Nazareno que fue crucificado. Ya resucitó, no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron. Vayan a decírselo a los discípulos."
Y así lo hicieron
En la tarde del mismo día en que resucitó, Jesús se presentó ante sus apóstoles y discípulos que estaban encerrados en el cenáculo y les dijo:
"¡Paz a ustedes! ¡Soy yo! ¡No teman!"
Los discípulos no lo podían creer y se pusieron muy felices. Jesús entonces habló nuevamente:
"¡Paz con ustedes! Como mi Padre me envió, los envío yo a ustedes"
Luego sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo. Perdonados serán los pecados a aquellos a quienes se los perdonen y retenidos a aquellos a quienes se los retengan"
Con estas palabras Jesús instituyó el Sacramento de la reconciliación, también conocido como Sacramento de la Penitencia o Confesión, es decir les dio el poder a sus discípulos para que perdonen o no los pecados a todos aquellos que se los confesaran.
Por eso aunque pienses que no tendrías porque confesar tus pecados a un hombre si podrías hacerlo directamente tú mismo charlando con Jesús, debes recordar que fue Jesús mismo el que le pidió a hombres que perdonarán los pecados de otros hombres.
La resurrección de Jesús no solo es un relato de un evento extraordinario, sino que también representa la esperanza de la vida eterna para todos los creyentes. Es un momento que nos invita a reflexionar sobre la grandeza de Dios y su poder sobre la muerte.
El perdón es un regalo que no solo damos a los demás, sino que también nos liberamos de cargas que podemos llevar en nuestro corazón. Aprender a perdonar es esencial para vivir en paz, así como lo enseñó Jesús a sus discípulos.
¿Alguna vez has visto cómo una pequeña plantita rompe la tierra para salir a buscar el sol? La Resurrección de Jesús es el milagro más grande del mundo porque nos enseña que el amor de Dios es mucho más fuerte que cualquier oscuridad. Aunque muchos pensaban que la historia de Jesús había terminado en el sepulcro, Dios mostró que la vida siempre gana. Por eso, cada domingo es una fiesta llena de colores para los cristianos; celebramos con mucha alegría que Jesús está vivo, que nos escucha y que camina a nuestro lado en cada paso que damos.
Lo más hermoso de Jesús resucitado es que, al volver a ver a Sus amigos, no los regañó ni se enojó por haberlo dejado solo. Al contrario, los miró con muchísima ternura, les deseó la paz y les regaló el perdón. Con este gesto tan dulce, Jesús nos explica que Dios nunca guarda rencor en Su corazón. Él es como un Padre que siempre nos espera con los brazos abiertos y una sonrisa, dándonos una nueva oportunidad cada vez que nos equivocamos, para que volvamos a empezar con más amor.
Jesús quería que todas las personas del mundo pudieran sentir ese alivio tan bonito en el alma, por eso les pidió a Sus amigos apóstoles que ayudaran a los demás a estar en paz con Dios. Así nació el regalo del perdón, para que nadie se sienta solito ni lejos del amor de nuestro Padre del Cielo. Cada vez que somos sinceros y pedimos perdón de verdad, nuestro corazón se vuelve liviano como una pluma y saltamos de alegría, recuperando esa amistad tan especial con Jesús que nos hace vivir más tranquilos y felices.
Cuando aprendemos a perdonar a los demás y a pedir perdón nosotros también, nos parecemos un poquito más a Jesús. Vivir con un corazón limpio y brillante nos ayuda a querer mucho mejor a las personas que nos rodean y a confiar plenamente en que Dios nunca se aleja de nosotros, aunque cometamos errores pequeños. Jesús resucitado nos anima a vivir sin miedo y con mucha ilusión, recordándonos en cada amanecer que el amor de Dios es el tesoro más grande y que siempre, siempre es más poderoso que cualquier dificultad.
Tu propósito semanal es reflexionar sobre el significado del perdón y reconocer la importancia de la confesión en tu vida.
Realiza una oración diaria pidiendo el perdón por tus faltas y ayuda a tus amigos a entender cómo pueden también buscar el perdón de Dios.
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FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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