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Actualizado el 13 de enero de 2026
Cuando José y María emprendieron el camino hacia Belén a pesar de todas las dificultades, tal como les conté en la lección anterior, demostraron su fe hacia Dios.
Pero ahora, debían confiar nuevamente en Dios ya que cuando llegaron a Belén se encontraron con el problema que no había donde alojarse.
Al igual que ellos, mucha gente tuvo que viajar hacia la pequeña aldea de Belén para empadronarse tal como lo había ordenado el emperador romano, por eso las casas y las posadas estaban llenas y por lo tanto José y María se encuentran con la dificultad de no encontrar un lugar donde quedarse, y el mayor problema era que María ya estaba cerca de dar a luz.
Por supuesto que José insistió en la búsqueda, pero sólo terminó encontrando una cueva donde se guardaban los rebaños de ovejas que había en el pueblo.
Si bien era un lugar seguro para dos personas adultas (preferible esto antes que estar al aire libre), era un lugar espantoso para que naciera una criatura, ya que obviamente estaba sucio y con muy mal olor, sin contar las probables infecciones que el niño podía contraer.
Es muy probable que ante esa situación tan triste hubieran aparecido no sólo dudas de fe hacia Dios, sino que también hacia ese niño por nacer, ya que con nuestra mente humana es muy difícil entender que el Mesías, el Hijo de Dios, naciera en un lugar tan indigno, en vez de que Dios los hubiera ayudado inmediatamente a conseguir una posada con todas las comodidades.
Además, para María, debe haber sido una situación muy triste el tener que estar acomodando un lugar entre la suciedad de un pesebre donde comen los animales, en vez de poder tener una linda cunita.
José y María no entendían la situación, pero seguramente como eran obedientes y humildes, sabían que si bien no entendían lo que pasaba, lo aceptaban, porque si Dios permitiría aquello, seguramente era con un motivo mucho más poderoso que lo que sus mentes podían llegar a entender.
Y seguramente, tal como nos sucede a nosotros cuando estamos mal porque algo no nos sale como queremos, pero luego con el paso del tiempo vemos que lo que sucedió fue lo mejor, ellos también se dieron cuenta que era necesario que el Hijo de Dios naciera en un lugar tan humilde para dar un ejemplo a la humanidad de la inmensidad del amor de Dios, que siendo quien era y pudiendo nacer en el mejor lugar del mundo y con todos los lujos, prefirió la máxima pobreza.
¿Te imaginas llegar a una ciudad después de un viaje muy largo y que nadie te deje dormir en su casa? Eso fue lo que les pasó a la Virgen María y a San José cuando llegaron a Belén. Hacía frío y ya era de noche, pero todas las puertas estaban cerradas porque había muchísima gente de visita. María estaba muy cansada y sabía que el Niño Jesús ya iba a nacer, pero en lugar de enojarse o ponerse a llorar, ella y José confiaron en que Dios Padre los estaba cuidando desde el Cielo.
Al final, el único lugar que encontraron fue un establo, que es como una casita pequeña donde duermen los burritos y las vacas. No era un palacio brillante, ni tenía una cama suave de algodón, pero allí, entre la pajita y el calor de los animales, nació el Niño Jesús. María, con mucho amor, lo envolvió en unos pañales blancos y lo recostó en un pesebre, que es el cajoncito donde comen los animalitos. Aunque era un lugar muy humilde, ese establo se llenó de la luz más hermosa del mundo porque Dios estaba allí con ellos.
Esta historia nos enseña que lo más importante no es tener los juguetes más caros o la casa más grande, sino tener el corazón lleno de amor, como el de María. Jesús eligió nacer en un pesebre para decirnos que Él ama a todos por igual, especialmente a los que tienen poquito. Cuando tú compartes tus cosas o ayudas a alguien sin esperar nada a cambio, estás preparando un pesebre calientito en tu corazón para que Jesús se sienta feliz de estar contigo, igual que se sintió feliz al lado de Su mamá en Belén.
Aunque al principio parezca triste que el Rey del mundo naciera en una cueva, María y José estaban muy contentos porque tenían el regalo más grande: a Dios mismo hecho un bebé. Nosotros también podemos estar alegres cada vez que recordamos este momento, porque nos recuerda que Dios siempre cumple Sus promesas, aunque a veces lo haga de formas que no esperamos. Quédate siempre con la paz de María, sabiendo que donde hay amor y sencillez, allí siempre nace la verdadera alegría de la Navidad.
Agradecerle a Dios que quiso nacer en un lugar tan desagradable para enseñarnos lo que es el amor y la humildad, y para demostrarnos cuánto nos ama.
Confiar siempre en Dios y no enojarnos nunca con Él.
¿Por qué María es Madre de Dios?
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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