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Actualizado el 13 de enero de 2026
A partir de esta sección, voy a comenzar a hablar sobre el Espíritu Santo, la tercer persona de la Santísima Trinidad, que tiene la función de darnos la santidad.
Tal como ya expliqué en lecciones anteriores, la Santísima Trinidad está compuesta por Padre, Hijo y Espíritu Santo, o sea tres personas distintas en un solo Dios verdadero.
Para que lo entienda un niño muy pequeñito, se les puede hacer una comparación con un shopping (un solo Dios), que si bien tiene muchas secciones diferentes (personas distintas) no deja de ser el mismo shopping y cada sección se encarga de algo diferente, como por ejemplo, perfumería, juguetería, electrodomésticos, etc. Pero por más que haya varias secciones (personas) el shopping (Dios) sigue siendo uno solo.
Dios, es el único Dios, que es el que crea, el que redime y el que santifica, pero crea a través de la persona del Padre, redime a través de la persona del Hijo y santifica través de la persona del Espíritu Santo, por eso decimos que su función es santificar.
La misión específica del Espíritu Santo es santificar a la persona.
Es santificador porque me ayuda a ser tal como Dios me pide, luchando contra todo lo que me lo impida, algo que sin la orientación del Espíritu Santo no podría.
Esto quiere decir que si yo quiero ser santo se lo pido al Espíritu Santo, pero no es magia, si yo le pido que me de la santidad, yo debo poner de mi parte porque Él no lo va hacer todo por mí.
Y lo de ser santo no es una idea de la Iglesia ni una fantasía, es un mandato del Señor, ya que fue Jesús mismo el que dijo (Mateo 5:48):
"Sed santos como mi Padre es Santo"
La santidad es un don de Dios que se alcanza con nuestro esfuerzo pero, sin la ayuda de Él, no podemos ni siquiera desear ser buenos ni ser santos.
Por eso, la santidad, es la unión de la gracia de Dios y del esfuerzo humano, junto con la ayuda del Espíritu Santo que es el encargado de que podamos alcanzar dicha santidad.
¿Alguna vez has visto cómo una linterna ilumina un camino oscuro para que no tropieces? El Espíritu Santo es exactamente así para nuestra alma. Él es la tercera Persona de la Santísima Trinidad y su trabajo especial es ayudarnos a ser santos. Ser santo no significa estar siempre serio o tener una aureola sobre la cabeza; ser santo significa ser un niño que ama muchísimo a Dios y que trata a los demás con mucha bondad. El Espíritu Santo vive dentro de ti desde tu Bautismo y es como un Maestro dulce que te susurra ideas hermosas para que tu corazón brille cada día más.
Imagina que tu corazón es como un jardín que Dios te regaló. Dios Padre creó las flores, Jesús las salvó cuando estaban marchitas, y ahora el Espíritu Santo es el jardinero que las cuida y las hace crecer fuertes y bellas. A esto le llamamos "santificar". Él nos da las fuerzas necesarias para decir la verdad cuando tenemos miedo, para compartir nuestros juguetes favoritos o para obedecer a mamá y papá a la primera. Sin su ayuda, sería muy difícil ser tan buenos, por eso siempre debemos invitarlo a estar con nosotros en todo lo que hagamos.
Ser santo es una aventura maravillosa en la que nunca estás solo. Jesús nos pidió que seamos santos como nuestro Padre del Cielo, y para lograrlo nos envió al Espíritu Santo. Él no hace las cosas por nosotros como por arte de magia, sino que espera a que nosotros queramos esforzarnos un poquito. Cuando tú pones tus ganas de ser un niño bueno y el Espíritu Santo pone su fuerza del Cielo, pasan cosas increíbles: te vuelves más alegre, más paciente y mucho más generoso con todos tus amiguitos y familiares.
Esta semana, puedes imaginar que el Espíritu Santo es como el viento que empuja un barquito de papel. Tú eres el barquito y Él es ese viento suave que te lleva hacia Dios. Si dejas que Él te guíe, descubrirás que vivir como un hijo de Dios es lo más divertido y hermoso del mundo. La santidad es el regalo más grande que podemos recibir, y el Espíritu Santo está deseando entregártelo para que seas inmensamente feliz ahora y siempre en el Cielo. ¡No olvides pedirle ayuda hoy mismo para que tu luz brille como una estrella!
Pedirle específicamente al Espíritu Santo que nos ayude a vencer nuestros pecados recurrentes y defectos, como por ejemplo ser peleador, o envidioso, o mentiroso, o desobediente, etc.
Y por supuesto, luego de pedírselo, hacer todo el esfuerzo para no caer en las tentaciones que me lleven a esos defectos
¿Cómo obra el Espíritu Santo en nosotros?
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FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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