Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
En la lección anterior vimos que Jesús superó la ley moral antigua y lo hizo porque no se conformó con los mínimos.
Cristo no se conformó con solamente no hacer el mal, sino que en cambio hizo siempre el bien, amó, y nos enseñó a hacerlo.
Pero, ¿de qué modo amó Jesús? ¿Es posible establecer puntos concretos como si fueran los mandamientos para poder saber qué debemos hacer para imitar a Cristo?
La moral del Antiguo Testamento, que queda desmenuzada en los diez mandamientos, está resumida en no hacer el mal.
De ellos aprendemos que no debo hacerle al otro lo que no me gustaría que me hicieran a mí.
Este es el importantísimo primer paso que debemos cumplir antes de comenzar con la imitación de Cristo propiamente dicha.
De hecho, esta norma moral debería servir como base para todos los hombres, creyentes o no y sea cual sea la religión a la que pertenezcan.
Para apoyar el cumplimiento de esta básica norma moral, Cristo no dudó en poner de fondo una advertencia:
"Lo que hagas con el prójimo, te lo harán a ti."
Si eres un ladrón, un mentiroso, un egoísta, más que seguro te lo devolverán y tarde o temprano pagarás por ello.
Tienes que ser consciente que no se puede ir por la vida engañando, haciendo daño o abusando del otro sin que en algún momento las consecuencias de tus actos te alcancen, obviamente en forma negativa.
Pero felizmente, también debes ser consciente que si has obrado bien, habrá una consecuencia positiva para ti.
Siempre en la vida, tanto si has obrado bien como si has obrado mal, todo tendrá una consecuencia para ti, en la actualidad o en el futuro.
Finalmente, la moral del Nuevo Testamento amplía el principio ético de no hacer el mal que no te gustaría que te hicieran, completándolo con otro, que ya es específicamente cristiano:
"Haz el bien que sí te gustaría que te hicieran."
Este compromiso con el bienestar ajeno va más allá de simplemente actuar de manera ética; invita a cada uno a reflexionar acerca de las necesidades del prójimo. La empatía se convierte en un valor fundamental, y al inclinarnos a ayudar a quienes nos rodean, creamos una comunidad más solidaria y compasiva.
La moral del Nuevo Testamento también enfatiza la importancia de la humildad en nuestras interacciones. En un mundo a menudo dominado por el egoísmo y la competencia, reconocer nuestras propias limitaciones y actuar desde una posición de servicio puede transformar nuestras relaciones y promover el respeto mutuo.
Finalmente, se nos recuerda que el amor debe ser la motivación detrás de nuestras acciones. No basta con hacer el bien si no hay sinceridad en el corazón. El amor genuino al prójimo inspira actos de bondad que trascienden las expectativas y dejan una huella positiva en el mundo.
¿Te has fijado alguna vez en lo feliz que te sientes cuando alguien te regala un dulce o te invita a jugar? Jesús, que es nuestro mejor amigo, nos enseñó un secreto maravilloso para que todos estemos contentos: "Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti". Es como un juego de espejos; si tú regalas una sonrisa, lo más probable es que recibas otra sonrisa de vuelta. Jesús no solo nos pide que no nos portemos mal, sino que nos invita a ser campeones de la bondad, buscando siempre cómo ayudar a los demás con un corazón alegre.
Imagina que cada vez que haces algo bueno, como prestar tus colores o ayudar a recoger los juguetes, estás sembrando una pequeña luz en el mundo. Jesús nos dice que no basta con "no pelear"; lo más especial es ser el primero en dar un abrazo o en compartir lo que tenemos. Si a ti te gusta que te cuiden cuando estás triste, entonces tú también puedes cuidar a un amiguito que esté llorando. De esa manera, nos parecemos cada vez más a Jesús, que pasó toda su vida haciendo cosas hermosas por todas las personas que conocía.
A veces, hacer el bien significa tener un poquito de paciencia o decir palabras dulces en lugar de gritar. Jesús nos enseña que el amor es como una plantita que debemos regar todos los días con nuestras buenas acciones. No lo hacemos para que nos den un premio, sino porque amar a los demás es la forma más bonita de decirle a Papá Dios que le queremos mucho. Cuando tratamos a todos con respeto y cariño, nuestro corazón se llena de una paz muy especial que nos hace brillar como pequeñas estrellas de luz.
Recuerda siempre que todo lo que hacemos por los demás, se lo estamos haciendo también a Jesús. Si ayudamos a un anciano o somos amables con los animales, estamos poniendo en práctica la gran enseñanza del Nuevo Testamento. No tengas miedo de ser "el más bueno" de la clase o de tu casa; ser bondadoso es la aventura más grande de todas. Al final del día, cuando hables con Jesús antes de dormir, te sentirás muy orgulloso de haber sido su pequeño ayudante en la Tierra, repartiendo el bien que a ti también te gusta recibir.
Siempre en algún momento el bien que has hecho te será devuelto y si felizmente no has hecho el mal las consecuencias no caerán sobre ti.
Por eso debes pedirle todos los días a Jesús a que te ayude a tener siempre presente que no debes hacer lo que no te gustaría que te hicieran y debes hacer siempre lo que sí te gustaría que te hicieran.
En qué consiste imitar a Jesús y hacer el bien: La motivación religiosa
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FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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