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Actualizado el 13 de enero de 2026
Al afirmar "el perdón de los pecados" en el Credo, reconocemos el inmenso regalo de la misericordia divina que se manifiesta a través de la Iglesia.
La capacidad de perdonar los pecados es fundamental para nuestra fe, ya que a través de los sacramentos del Bautismo y la Reconciliación, tenemos la oportunidad de recibir la gracia y la sanación de nuestros errores. Este acto de perdón, ofrecido en nombre de Jesucristo, nos recuerda que su amor es más grande que nuestras faltas y que siempre hay un camino de regreso a Él.
El perdón de los pecados significa que la Iglesia puede perdonar todos los pecados.
Los pecados quedan perdonados a través de estos sacramentos: el Bautismo y la Reconciliación.
El sacramento del Bautismo borra el pecado original, y el sacramento de la Reconciliación, es decir la confesión realizada con un sacerdote, borra los pecados actuales, o sea los que cometemos nosotros mismos.
Si bien nos confesamos con un sacerdote, debemos tener siempre presente que el perdón lo da Jesucristo. Por lo tanto cuando nos confesamos al que le pedimos perdón es a Jesús, no al sacerdote. Éste es sólo un intermediario entre Jesús y el penitente, es decir la persona que se está confesando.
La resurrección de los muertos (antes se decía de la carne) significa que todos los hombres resucitarán el día del juicio universal.
De esta manera después del juicio universal los buenos en cuerpo y alma irán al cielo, mientras que los malos irán al infierno en cuerpo y alma.
Así, tal como Jesucristo resucitó de entre los muertos y tiene vida eterna, los hombres también resucitarán.
Luego de resucitar en el día del fin del mundo, serán juzgados por nuestro Señor Jesucristo.
Cuando resucitemos el alma se volverá a unir con nuestro cuerpo, y esto le sucederá a todos los hombres, hayan sido justos o injustos, pues la diferencia está solamente en el destino final de cada uno de ellos, es decir, el Cielo o el infierno, o sea la Gloria o la eterna condenación.
¿Sabías que llevas dentro de ti un tesoro que vale más que todo el oro del mundo? Dios nos creó con un alma preciosa, diseñada especialmente para amar y para vivir una aventura eterna a Su lado. Cuando rezamos el Credo, recordamos una noticia maravillosa: Papá Dios no se cansa nunca, ¡pero nunca!, de perdonarnos. Su amor es como un océano infinito que es mucho más grande que cualquier error que podamos cometer. El perdón es como una medicina mágica: no borra lo que pasó, pero sana las heridas del corazón y nos vuelve a unir con Dios en un abrazo fuerte.
Jesús quiso que la Iglesia fuera como una casa segura y calientita donde siempre podamos volver cuando nos sentimos perdidos o tristes. Por eso nos dejó regalos increíbles: el Bautismo, que nos pone brillantes al empezar nuestra vida cristiana, y la Confesión, que es como una ducha de luz para el alma cada vez que fallamos. En estos sacramentos, Jesús nos espera con muchísima paciencia y una sonrisa, devolviéndonos la paz y la alegría para seguir caminando con fuerza.
También creemos en algo asombroso: ¡que un día todos vamos a resucitar! Esto significa que nuestra historia no termina aquí abajo, y que Dios cuida con el mismo cariño tanto nuestra alma como nuestro cuerpo. Vivir con alegría y hacer las cosas bien ahora es muy importante, porque cada buena acción, cada palabra amable y cada gesto de ayuda tienen un valor que dura para siempre en el Cielo. ¡Nada de lo bueno que hagas se pierde nunca ante los ojos de Dios!
Pensar en el Cielo es como mirar hacia una meta llena de luz que nos anima a elegir el camino del bien cada día. Dios desea con todo Su corazón que estemos con Él para siempre, y por eso nos enseña a vivir con responsabilidad, esperanza y mucho amor hacia los demás. Esta semana, intenta ser un reflejo de esa alegría celestial; vive con la seguridad de que eres un hijo amado y que cada paso que das hacia el bien te acerca más a esa felicidad infinita que nunca se acaba.
Esta semana, reflexiona sobre la afirmación del Credo que dice "el perdón de los pecados". Considera una forma en la que puedas practicar el perdón en tu vida diaria, ya sea perdonando a alguien que te haya hecho daño o pidiendo perdón a alguien a quien hayas ofendido.
Además, si tienes la oportunidad, busca confesar tus pecados en el sacramento de la Reconciliación, entendiendo que este acto de humildad te acerca más a Jesucristo. Comparte tus experiencias y reflexiones sobre la importancia del perdón con amigos o familiares, fomentando así una cultura de reconciliación y amor.
Continuación de la explicación del Credo corto: Artículo 12, el último
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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