¿A Qué Obliga el Cuarto Mandamiento de la Iglesia Católica? Actualizado el 13 de enero de 2026 El cuarto precepto de la Iglesia Católica Apostólica Romana ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
La muerte de una persona consiste en la separación del alma y del cuerpo. Como el cuerpo es mortal, va a desaparecer y se va a convertir en polvo o ceniza, según sea sepultado o cremado.
En cambio, el alma es inmortal, es decir, no muere nunca. Al morir, el alma se presentará a juicio y entonces se decidirá el destino de la misma: el que muere en pecado mortal irá al infierno y el que muere sin ningún pecado podrá ir directamente al Cielo o previamente al Cielo.
El Cielo es el premio eterno que Dios le brinda a todos aquellos que le aman y le sirven.
Cuando llegue nuestro momento de estar en el Cielo, podremos gozar eternamente de la vista de Dios y de todo bien. Allí no se sufre el mal, el sufrimiento ni el dolor porque no existen.
Todos aquellos que durante su vida han hecho mérito para poder ganarse el Cielo que Dios ofrece, es decir, los buenos, van a estar en el Cielo eternamente, o sea para siempre, pues en el Cielo no existe la muerte.
Para poder estar en presencia de Dios, debemos estar inmaculados de alma y espíritu, pero no todas las personas mueren en ese estado, por eso Dios nos dio la posibilidad de limpiarnos en el Purgatorio.
Cuando pecamos, abrimos una herida en nuestra alma. Cuando nos confesamos con un verdadero arrepentimiento, esa herida cierra completamente, pero queda una pequeña cicatriz. Cuando morimos, si tenemos muchas cicatrices en el alma, debemos quitarlas, por eso vamos primero al Purgatorio. De este modo podremos limpiarlas completamente para luego poder ponernos en presencia de Jesús.
El infierno es un castigo eterno. Allí van todos los que fueron malos en su vida, es decir, los que no amaron ni sirvieron a Dios en forma voluntaria; es decir, que lo conocieron, sabían de Él, pero lo rechazaron.
En el infierno se sufre la privación de la vista de Dios, el tormento del fuego y todo mal. Allí no hay alegría, felicidad ni gozo. Los malos no tienen forma de salir del infierno; es decir, estarán allí por toda la eternidad, pues el arrepentimiento sólo es útil cuando estamos vivos.
Siempre que estemos arrepentidos con corazón sincero, así sea en el último segundo de nuestras vidas, tenemos posibilidades de ir al Cielo, pero lamentablemente si no hay arrepentimiento en vida, luego de muertos ya no podemos pedir perdón.
El destino del alma después de la muerte depende de las decisiones que tomamos en vida, en nuestras acciones, y en nuestra relación con Dios. La importancia de vivir de acuerdo a Su voluntad y arrepentirse por nuestros pecados es fundamental para alcanzar la salvación.
La esperanza en el Cielo nos motiva a vivir con amor y haciendo el bien a los demás. Debemos recordar que nuestras acciones tienen un impacto eterno y que Dios nos espera con los brazos abiertos si elegimos seguir Su camino.
¿Sabías que nosotros somos como una casita hermosa donde vive un alma que nunca deja de brillar? Aunque nuestro cuerpo se canse cuando somos muy viejitos, nuestra alma es el regalo más especial que Dios nos dio porque es eterna, ¡lo que significa que vivirá para siempre! Al final de nuestro camino aquí en la Tierra, nuestra alma viaja para encontrarse con Jesús, quien nos espera con muchísima alegría si fuimos buenos amigos suyos.
El lugar más bonito de todos es el Cielo. Imagina un sitio donde no existen los raspones en las rodillas, ni las tristezas, ni el llanto; solo hay risas, luz y mucho amor al lado de Dios Papá. A veces, nuestra alma necesita lavarse un poquito antes de entrar a esa fiesta tan grande, y para eso existe el Purgatorio, que es como una ducha de amor que nos deja brillantes y limpios para abrazar a Jesús.
Es muy importante recordar que nosotros elegimos nuestro camino con las cosas que hacemos cada día. Ser buenos, compartir nuestros juguetes y ayudar a los demás es como ir juntando piedritas de colores para construir nuestro puente hacia el Cielo. Jesús quiere que todos estemos con Él, por eso nos enseña a amar a los demás y a pedir perdón de corazón si alguna vez nos portamos mal.
¡Vive cada día con mucha alegría y paz! No tengas miedo, porque Dios siempre está pendiente de ti, cuidándote como un pastor cuida a su ovejita más querida. Si mantenemos nuestro corazón lleno de bondad, el viaje hacia el encuentro con Dios será la aventura más hermosa de todas, llena de flores, canciones y un amor que no se termina nunca. ¡Eres un niño muy especial para Dios!
Tu propósito semanal es reflexionar sobre cómo estás viviendo tu fe diariamente y qué cambios podrías hacer para estar más cerca de Dios.
Considera realizar un acto de bondad hacia alguien, compartir un momento de oración, o confesarte si has cometido errores. Estos actos no solo son una forma de acercarte a Dios, sino también de llevar esperanza a los demás.
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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