Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 5 Actualizado el 13 de enero de 2026 Hoy hablamos sobre la venida del Espíritu Santo, un acont...
Actualizado el 13 de enero de 2026
Hasta ahora aprendimos que la primera característica del amor a imitación de Cristo consiste en amar motivado religiosamente. La segunda característica es amar con obras.
Y la que aprenderemos hoy es la tercera característica del amor a imitación de Cristo que consiste en amar a todos.
El amor de Cristo es para todos, por eso Jesús no ha venido en busca de los sanos sino de los enfermos, y además nos ha enseñado que el Padre hace salir el sol sobre malos y buenos.
Nadie, por ningún motivo, queda excluido del amor divino, ni siquiera por su pecado, sea lo terrible que sea.
Por más pecadora que sea una persona, Dios le sigue amando pues es por los pecadores, o sea, por todos y cada uno de nosotros, que Cristo se hizo hombre con el único fin de salvar al hombre.
Pero es importante distinguir que esto no significa que Dios quiera a todos por igual.
¿Quiere Dios por igual a la Madre Teresa de Calcuta y a Hitler o a Juan Bautista y a Salomé, quien fue la que hizo que le cortaran la cabeza?
Esto no es así, y la prueba está en que los santos son los que consiguen de Dios los milagros, lo cual significa que el Señor tiene con ellos un trato especial.
Más aún, fue Jesús mismo quien nos ha enseñado que el infierno existe y que allí van todos aquellos que no han querido acoger el amor divino, ni han querido arrepentirse y convertirse.
Por lo tanto, estas son las dos claves de este aspecto del amor que Cristo nos enseñó: Dios ama a todos, pero no a todos por igual.
No debemos excluir a nadie de nuestro amor, y debemos llegar incluso a amar al enemigo.
Pero eso no significa que debamos amar a todos del mismo modo.
El padre de familia tiene el deber de querer y alimentar en primer lugar, a sus hijos y a su esposa, y cometería un gran error si tratara a los hijos y a las esposas de los demás como si fueran suyos, descuidando en consecuencia la atención preferencial que deben tener sus propios hijos y su esposa.
Hay personas de las que debemos protegernos porque nos han hecho daño antes y pueden volver a hacerlo, pero por eso no debemos dejar de amarlas.
Pero también hay otras personas que merecen todo nuestro agradecimiento porque nos han ayudado o han estado con nosotros en momentos difíciles. Obviamente, a estas últimas las amamos (y debemos amarlas) todavía más.
¿Sabías que el amor de Papá Dios es como el sol que sale todas las mañanas? El sol no elige iluminar solo las flores más bonitas, sino que regala su luz a todo el jardín, a los pajaritos y hasta a las piedras del camino. De la misma manera, Dios nos ama a todos porque todos somos sus hijos. No importa si alguien se porta un poquito mal o si está triste, Dios nunca deja de quererlo y siempre espera con los brazos abiertos para darnos un abrazo muy fuerte en nuestro corazón.
Pero aunque Dios ama a todos, Él se pone muy, muy feliz cuando somos amigos cercanos suyos. Imagina que tienes muchos compañeros en la escuela y los quieres a todos, pero con tus mejores amigos o con tus hermanitos tienes un cariño especial porque ellos te escuchan y te cuidan más. Así pasa con los santos; ellos amaron tanto a Jesús que Dios les da regalos especiales, como el poder de hacer milagros. Nosotros también podemos ser esos amigos preferidos de Dios si nos esforzamos por hacer siempre las cosas con mucho amor.
Amar a todos no significa que tengamos que hacer exactamente lo mismo con todas las personas. Por ejemplo, tus papás te cuidan y te dan de comer a ti antes que a otros niños, y eso está muy bien porque tú eres su hijo especial. Nosotros debemos estar muy agradecidos con las personas que nos ayudan, como nuestros maestros y abuelitos, y a ellos les damos un amor todavía más grande y lleno de besos. Es como tener un cofre de tesoros donde guardamos mucho cariño para repartir, pero los diamantes más brillantes son para los que más nos cuidan.
Lo más hermoso de aprender sobre el amor de Dios es que nos enseña a no dejar a nadie fuera de nuestro corazón. Aunque alguien nos caiga un poquito mal, podemos rezar por esa persona y desearle cosas buenas. Si cada día intentamos poner un granito de arena siendo generosos, nuestra alma se volverá tan brillante como la de los santos. Así, viviendo con el corazón lleno de luz, estaremos siempre listos para disfrutar de la gran fiesta que Dios nos tiene preparada en el Cielo.
Comenzar a poner en práctica este "Amar a todos pero no a todos por igual" empezando por aquellos con los que tenemos deudas de agradecimiento y con los que tenemos obligaciones, como los maestros, los amigos y la familia.
E inmediatamente ponerse bien firme en no marginar a nadie porque sea distinto de nosotros o porque no nos caiga bien.
Si nos proponemos hacer los mínimos a todo el mundo y el máximo a sólo algunos, rápidamente terminaremos amando a todos.
¿Qué significa amar el primero?
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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