Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
La paciencia no es un don, es una virtud y su práctica es más difícil para algunas personas que para otras, porque algunas son más impacientes e inquietas por naturaleza, mientras que otras son más tranquilas.
Sin embargo, como virtud, la paciencia nos enseña a saber esperar, a darle tiempo a producir sus frutos y, sobre todo, a dejar que Dios actúe sin querer forzarlo a hacer las cosas cuando queremos y como queremos.
Esta paciencia es la mismo que Dios tiene con nosotros. El Nuevo Testamento dice acertadamente que "la paciencia de Dios es nuestra salvación", porque si Dios no supiera esperar y no nos diera mil oportunidades para convertirnos, nos habría hecho desaparecer con su justa ira debido a nuestros pecados.
A veces deseamos que las cosas se hagan inmediatamente; queremos que los problemas se resuelvan al instante y nos enfadamos cuando no ocurre así.
La paciencia de la Virgen María es una de sus muchas virtudes olvidadas.
Nuestra Señora supo cómo ser paciente, supo esperar los nueve meses del embarazo y luego supo esperar hasta que su Hijo tuvo treinta años para dejar Nazaret e iniciar su vida pública.
De igual manera, Ella supo cómo esperar las largas horas entre la muerte de Cristo hasta su resurrección.
Sin esta paciencia difícil, pero heroica, en ocasiones ella hubiera estado nerviosa o desesperada arruinando muchas cosas.
"La paciencia alcanza todas las cosas", dijo Santa Teresa de Jesús.
Vivimos la paciencia controlando nuestro mal temperamento.
Al darle al prójimo el tiempo necesario para arrepentirse de sus pecados y convertirse.
Vivimos la paciencia con nosotros mismos cuando seguimos luchando por ser mejores hijos de Dios.
Vivimos la paciencia con nosotros mismos cuando volvernos a empezar después de haber hecho algo malo.
La paciencia es una virtud muy importante que nos enseña a esperar y dejar que las cosas sucedan en su momento.
Es importante ser pacientes con los demás cuando hacen algo malo y darles tiempo para arrepentirse. También debemos ser pacientes con nosotros mismos y volver a empezar después de hacer algo malo.
Dios también es paciente con nosotros y nos da muchas oportunidades para cambiar nuestros errores.
La Virgen María fue muy paciente, por ejemplo, esperó 9 meses para tener a Jesús y también esperó confiada a que resucitara.
¿Alguna vez te ha pasado que quieres que tu pastel de cumpleaños llegue ya mismo o que las semillas que plantaste crezcan en un solo segundo? A veces nos cuesta mucho esperar y nos ponemos un poco nerviosos o incluso nos enojamos. Pero la Virgen María nos enseña algo maravilloso sobre la paciencia. Ella sabía que las cosas más hermosas de la vida necesitan tiempo. Por ejemplo, cuando supo que iba a ser la mamá de Jesús, esperó con muchísima paz durante nueve meses enteros, preparando su corazón con amor para recibir al Niño Dios.
María también fue muy paciente cuando Jesús crecía en su casita de Nazaret. Ella sabía que su Hijo era el Salvador del mundo, pero no tenía prisa por decírselo a todos. Esperó treinta años, cuidándolo, enseñándole y compartiendo los días con Él, dejando que Dios Padre marcara el momento perfecto para que Jesús comenzara a ayudar a los demás. Esta paciencia de María era como una canción suave que mantenía todo en calma, porque ella confiaba plenamente en que Dios siempre sabe cuándo es el mejor momento para actuar.
Tú también puedes practicar esta virtud en casa. Cuando tengas que esperar tu turno para jugar o cuando un dibujo no te salga bien a la primera, respira profundo y piensa en la Virgen María. Ser paciente no es solo quedarse quieto, sino esperar con una sonrisa en el corazón, sabiendo que después de la espera siempre llega algo bueno. La paciencia es un ejercicio para nuestra alma que nos hace niños más fuertes y felices, porque nos enseña que no necesitamos gritar o correr para que las cosas salgan bien.
Recuerda que Dios es el más paciente de todos. Él nos ve cuando cometemos errores y, en lugar de enojarse rápido, nos espera con mucho cariño para que lo intentemos de nuevo. María, como nuestra mamá del Cielo, nos ayuda a tener esa misma tranquilidad. Si hoy algo te sale mal, no te desanimes; sé paciente contigo mismo, pide perdón si es necesario y vuelve a empezar con alegría. ¡Qué bonito es vivir sin prisa, disfrutando cada momento y confiando en que María nos lleva de la mano hacia Jesús!
Ser paciente, aprender a no enfadarse ni volverse violento cuando las cosas no se resuelven inmediatamente como se desea.
También aprender a tener paciencia consigo mismo más allá de los demás, como por ejemplo, cada vez que se cometen errores, recomenzando sin desanimarse
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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