Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
En la lección anterior expliqué que Jesús está realmente vivo en la Eucaristía.
Ahora voy a explicar cuáles son los beneficios que recibimos los católicos cuando comulgamos.
Como sucede con el resto de los sacramentos, en la Eucaristía Jesús nos transmite un don específico, una gracia.
En el sacramento del Bautismo, a través del agua, nos limpiamos de la suciedad de nuestros pecados y del pecado original.
El agua es la materia del sacramento del Bautismo y es la que nos da vida.
En cambio, en la Eucaristía, Jesús elige como materia los dos alimentos fundamentales de Israel: el pan realizado con el trigo y el vino realizado con la vid.
No podemos vivir sin comer y sin beber, y necesitamos de los alimentos para poder tener fuerzas y energías.
Con la Eucaristía sucede lo mismo: necesitamos de ella para tener fuerzas y energías para poder evitar el mal y poder hacer el bien.
De este modo, Cristo entra en nosotros, convertido en comida y bebida de salvación a través de las materias del pan y el vino.
La Eucaristía no sólo nos da energía, sino que también nos da otros beneficios: ayuda, consuelo y alivio.
Es Cristo mismo, en persona, que nos consuela en caso de que estemos mal y nos ayuda en nuestro camino hacia la santidad.
Jesús dijo, tal como podemos leer en San Mateo 11, 28-30:
"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré."
Y esa promesa la cumple en la Eucaristía.
Cuando comulgamos, si tenemos fe y creemos que Jesús está allí, en la hostia y en el cáliz, nuestro corazón y nuestro espíritu cambian completamente.
La carga de nuestros problemas disminuye, y hasta pueden desaparecer completamente.
El alma se siente completa, mimada, querida y cuidada, pero para sentir esto es indispensable estar atentos y conscientes de lo que estamos haciendo.
Si terminamos de comulgar y volvemos a nuestro banco a charlar con el de al lado, o nos ponemos a pensar en cualquier cosa y no le damos ni el más mínimo valor al hecho de que Jesús acababa de entrar en nuestro cuerpo para ayudarnos, obviamente nada de lo que dije antes va a suceder.
¿Alguna vez has sentido que te quedas sin fuerzas después de jugar mucho tiempo? Para recuperar la energía, necesitas comer una rica merienda o beber agua fresca. Pues nuestra alma también se cansa y necesita alimentarse para estar fuerte y feliz. Comulgar es recibir a Jesús en forma de una pequeña hostia blanca, que es el "Pan del Cielo". Cuando el sacerdote nos da la Comunión, no estamos comiendo un pan común, sino que estamos invitando al mismísimo Jesús a vivir dentro de nuestro corazón para que nos llene de Su amor.
Al comulgar, Jesús se convierte en nuestro mejor alimento. Él entra en nosotros para darnos superpoderes espirituales: el poder de ser amables cuando estamos cansados, el poder de compartir nuestros juguetes preferidos y el poder de perdonar a los demás. Es como si Jesús nos diera un abrazo gigante por dentro de nuestra alma. Por eso, después de recibirlo, es un momento muy especial para cerrar los ojos, quedarnos muy quietitos y hablar con Él en secreto, porque Él está ahí escuchándote con muchísima atención.
Comulgar nos hace sentirnos cuidados y muy queridos por Dios. Si alguna vez estás triste, asustado o te sientes solito, Jesús en la Eucaristía es tu mejor consuelo. Él prometió que siempre nos aliviaría, y cuando comulgamos, sentimos que Su paz nos envuelve como una manta suavecita. Es el regalo más grande que un niño puede recibir, porque es tener al Creador de todo el universo viviendo en su interior, dándole fuerzas para brillar como una pequeña luz en el mundo.
Recuerda que para que este milagro funcione en nosotros, debemos estar muy atentos. Imagina que invitas a tu mejor amigo a casa y, cuando llega, tú te pones a mirar el televisor o a hablar con otra persona sin hacerle caso; ¡tu amigo se sentiría un poco triste! Con Jesús es igual: cuando comulgamos, Él quiere que hablemos con Él, que le contemos nuestros sueños y que disfrutemos de Su compañía. Así, cada vez que comulgues, saldrás de la iglesia con un corazón nuevo, valiente y lleno de la alegría de Dios.
Nunca pierdas la oportunidad de comulgar, pero si te sentís triste o mal, es lo mejor que podés hacer para encontrar toda la ayuda que necesitás.
Comulgar con mucha atención y siendo conscientes de que lo que nuestro cuerpo va a recibir es al mismo Cristo vivo para consolarnos y darnos fuerza
Suscríbete para ver todos mis videos explicados con figuras de plastilina.
Hoy es
FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.