Historia de la Iglesia Católica Explicada para Niños - Parte 2 Actualizado el 13 de enero de 2026 La Historia de la Iglesia Católica es un relato lleno de ...
Actualizado el 13 de enero de 2026
Esta es la última lección con respecto a las dudas más comunes que surgen ante la confesión de algunos pecados.
En las lecciones anteriores traté el problema de confesar un pecado si no se está arrepentido sinceramente, y el de pedir perdón por un pecado que se comete una y otra vez del mismo modo o forma.
En esta oportunidad voy hablar de otras dos dudas comunes, pero que no tienen que ver tanto con el pecado en sí, sino que con el modo de ser perdonado o la penitencia.
Es decir, son los pecados que Dios no perdona si no se restituye el bien quitado
Dentro de este tipo de pecado entran el robo, la calumnia y la maledicencia.
Lamentablemente no.
Y esto no es porque Dios no tenga misericordia. Es misericordioso, pero también es justo, y por lo tanto es justo restituir el bien robado.
Si así no se hiciere sería muy fácil para nosotros caer nuevamente en la tentación de robar, ya que pensaríamos que total nos confesamos y listo, no pasó nada.
Con respecto a la restitución de ese bien, por supuesto que no se va a poder hacer en todos los casos, porque eso robado ya se gastó o no se tiene más o lo que sea.
Por eso es igualmente válido devolver, de una forma o de otra, algo equivalente, o hacer algo que equivalga a reparar el daño realizado.
Ante la duda, se puede consultar al sacerdote en el momento de la confesión que se podría hacer para reparar el daño.
No es una condición indispensable restituir el bien cara a cara o en forma notoria, como para que se sepa quien hizo el robo, pero si se tiene la valentía de hacerlo, recordar que Jesús nos va a mirar con mucha alegría.
Hay que actuar del mismo modo que con el robo. El perdón tampoco es completo si la penitencia no consiste en restituir el honor debido a aquel al que se le ha quitado.
Esto también es válido si actuamos con maledicencia, es decir si dijimos algo de alguien que es verdad, pero que no había ninguna necesidad de estar desparramándolo por allí.
Pon en práctica tu fe y haz la diferencia
¿Alguna vez has roto un juguete de un amigo sin querer? Aunque le pidas perdón y él sea muy bueno y te disculpe, el juguete sigue estando roto, ¿verdad? Con Dios pasa algo parecido. Cuando hacemos algo que lastima a otra persona, como tomar algo que no es nuestro o decir mentiras sobre un compañero, Jesús nos perdona en la confesión porque nos ama muchísimo. Pero, como Él es un Dios justo, también quiere que nosotros intentemos arreglar lo que rompimos. Pedir perdón es el primer paso, pero reparar el daño es lo que hace que nuestro corazón vuelva a brillar por completo.
Imagina que el honor de una persona es como un jarrón de cristal. Si decimos cosas feas de alguien, ese jarrón se agrieta. Por eso, si hemos hablado mal de un amiguito, no basta con decírselo a Dios; tenemos que intentar decirle a los demás las cosas buenas que ese amigo tiene para que su jarrón vuelva a estar sano. Si tomamos algo que no era nuestro, lo más bonito que podemos hacer es devolverlo o entregar algo a cambio. Reparar es como poner una tirita en el corazón de la persona que lastimamos, y eso a Jesús le pone muy feliz.
Ser valientes para corregir nuestros errores nos hace crecer como hijos de Dios. A veces nos da un poquito de vergüenza devolver algo o admitir que mentimos, pero esa vergüenza es como una medicina que cura nuestra alma. Jesús está siempre a nuestro lado dándonos fuerza para hacer lo correcto. Él no quiere que vivamos con el peso de haberle quitado algo a alguien, ya sea un objeto o su buena fama. Al reparar el daño, estamos demostrando que nuestro arrepentimiento es de verdad y que queremos cuidar nuestra amistad con el Cielo.
Esta semana, trata de ser un niño o niña que construye y que cuida a los demás. Si alguna vez te equivocas, no te escondas; habla con Jesús y dile: "Ayúdame a arreglar esto". Recuerda que la confesión nos limpia por dentro, pero nuestras buenas acciones después de confesarnos son como el barniz que hace que nuestra alma quede reluciente. Al tratar a los demás con justicia y devolver lo que no es nuestro, estamos viviendo el amor de Jesús de la forma más hermosa que existe: cuidando el corazón de nuestro prójimo.
Pensar bien antes de chismosear sobre otro o de andar contando mentiras por venganza o para molestar.
Darnos cuenta que peor vamos a estar nosotros después de hacerlo, ya que si bien le hicimos un daño al otro, en realidad nos lo hicimos a nosotros que ensuciamos nuestra alma y nuestra amistad con Dios.
Y como si fuera poco, luego tenemos que ver cómo restituir su honor, algo muy difícil de hacer, para poder ser perdonados por Dios.
La presencia real de Cristo en la Eucaristia
Suscríbete para ver todos mis videos explicados con figuras de plastilina.
Hoy es
FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.