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Actualizado el 13 de enero de 2026
Cristo, además de estar presente en la Eucaristía y en el magisterio de la Iglesia, es decir, en la jerarquía, está también en el Evangelio, en su Palabra.
La "Palabra del Señor" está contenida en los cuatro Evangelios de San Lucas, San Mateo, San Juan y San Marcos.
En ellos se nos narra la vida y la enseñanza de Jesús.
Al final de las tres lecturas de la Santa Misa, tras la primera y la segunda, el lector termina diciendo "Palabra de Dios", pero tras el Evangelio dice "Palabra del Señor", ya que es a través de los Evangelios que conocemos a Jesús.
Lo que el Señor nos entrega en los Evangelios es su ejemplo y sus enseñanzas.
Y estos ejemplos y enseñanzas de Jesús, tal como vimos en la lección pasada, son los que sirven como base a la enseñanza de la jerarquía.
La palabra de Jesús escrita en los Evangelios es algo que nadie en la Iglesia, ni siquiera el Papa, tiene el poder para cambiarla o retocar.
El Señor se convierte en luz para nuestra vida a través de la enseñanza de su Palabra y del Magisterio, tanto sea que nos enseñe preceptos morales o doctrina.
El Magisterio de la Iglesia tiene la misión de impedir que cada uno interprete el Evangelio como quiera, llegando a conclusiones erróneas por ignorancia o por interés.
No podemos obedecer si no conocemos lo que se nos manda, por eso primero debemos leer la palabra de Jesús para poder conocerla y luego obedecerla.
Lo que Jesús espera de nosotros en esta presencia suya en los Evangelios es que leamos su Palabra, la meditemos, y luego, lo más importante, la pongamos en práctica.
Al acercarnos a la Palabra de Dios, debemos hacerlo con respeto y apertura. No se trata solo de leer, sino de buscar comprender el mensaje profundo que Dios tiene para cada uno de nosotros. Esto implica un compromiso personal que va más allá de la mera lectura: debemos estar dispuestos a vivir en coherencia con esos preceptos en nuestra vida diaria.
En un mundo lleno de interpretaciones y opiniones diversas, reafirmamos que las enseñanzas de Jesús en los Evangelios son un camino claro hacia la verdad y la luz. Al seguirlas, encontramos no solo dirección, sino también la paz y la esperanza que solo Él puede ofrecer. Por lo tanto, leer la Biblia no es solo un ejercicio intelectual, sino una verdadera relación con nuestro Salvador.
¿Sabían que Dios nos escribió una carta de amor maravillosa que podemos leer siempre que queramos? Esa carta se llama Biblia, y en una parte muy especial llamada Evangelio, nos cuenta todas las aventuras de Jesús cuando estuvo en la Tierra. Es como tener un libro de tesoros donde cada palabra es una luz que nos ayuda a no tropezar. Cuando abrimos el Evangelio, es el mismo Jesús quien nos habla al oído para contarnos cómo curaba a los enfermos, cómo multiplicaba el pan y, sobre todo, cuánto nos ama a cada uno de nosotros.
Leer la Palabra de Jesús es la mejor forma de conocerlo y hacernos Sus mejores amigos. Pero para entender bien lo que nos quiere decir, no podemos inventar nosotros solos el significado; tenemos que escuchar a la Iglesia, que es como la maestra sabia que nos explica los secretos de esta gran carta. Jesús nos dejó a los sacerdotes y al Papa para que nos ayuden a comprender Sus enseñanzas sin equivocarnos, asegurándose de que el mensaje de amor llegue a nuestro corazón de la forma más clarita posible.
La Biblia no es un libro cualquiera que se guarda en un estante para que junte polvo; es un libro vivo que nos enseña a ser felices de verdad. Jesús espera que, después de leer Sus historias, nosotros intentemos hacer lo mismo que Él hacía: ser generosos, decir siempre la verdad y ayudar a quienes están tristes. Cada vez que ponemos en práctica lo que leemos, estamos convirtiendo esas palabras en acciones hermosas que llenan el mundo de alegría y esperanza, demostrando que somos verdaderos alumnos del Gran Maestro.
Así que, a partir de hoy, miremos nuestra Biblia con mucha ternura y respeto, sabiendo que allí se encuentra la voz de nuestro mejor amigo. Al meditar en Sus enseñanzas, nuestra alma se hace más fuerte y nuestra fe crece como un árbol grande y frondoso. Que cada capítulo que leamos sea una oportunidad para decirle a Jesús: "Habla, Señor, que tu hijo te escucha", y que Su Palabra sea siempre la brújula que guíe nuestros pasos hacia el Cielo, donde nos espera con los brazos abiertos.
Acostumbrarnos cada día a leer atentamente un capítulo del Evangelio, o al menos un pequeño fragmento.
Luego llevar a la práctica lo que ese fragmento nos ha enseñado.
Siempre que se tenga dudas sobre su interpretación, preguntar qué enseña la Iglesia sobre ello a un sacerdote o a un catequista.
También se pueden comprar libros que explican claramente los Evangelios, siempre y cuando sean de editoriales católicas como San Pablo, Paulinas, Edibesa, Verbo divino, Claretiana, BAC, Guadalupe, Bonum, Lumen, etcétera.
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Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
Los anuncios son puestos en forma aleatoria y automática. Si bien uso filtros para evitar todos los que son inapropiados o contrarios a la fe católica, varios pueden evadirlos
Acá puedes saber más sobre mi.
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