EL NACIMIENTO DE JESÚS Y LA VISITA DE LOS PASTORES La historia del nacimiento de Jesús es un relato fundamental que celebra la llegada del Salvador al mund...
El pecado actual es aquel que cometemos después de llegados al uso de la razón en forma deliberada y puede ser mortal o venial.
Se dice que es mortal cuando existe una falta grave a la ley de Dios, ocasionando la muerte del alma, pues ésta es privada de la gracia, que es su vida sobrenatural.
El pecado mortal es una desobediencia grave a la ley de Dios o de la Iglesia.
Para que un pecado sea considerado mortal se requieren tres condiciones:
materia grave (es decir que el pecado que se comete es realmente malo)
plena advertencia (es decir que la persona sabe que eso que cometió es un pecado)
deliberada voluntad (es decir que la persona aún sabiendo que ese acto era un pecado no le importó y lo cometió de todas formas)
El pecado mortal se divide en siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
Aquel que comete un pecado mortal merece el infierno por haber sido una mala persona. Y sólo basta haber cometido un solo pecado mortal para perder el Cielo.
Ahora, si siente verdadero dolor por el daño hecho, y se siente un verdadero arrepentimiento, puede confesar el pecado mortal con un sacerdote a través del Sacramento de la Reconciliación, para poder obtener el perdón de Dios.
El pecado mortal vendría a ser algo así como una gran maldad realizada a conciencia que merece un gran enojo, desilusión y dolor de parte de los padres, además de un gran castigo.
El pecado venial es también una falta a la ley de Dios, pero en este caso es una falta leve. De este modo, el alma no es privada de la gracia de Dios.
El pecado venial vendría a ser algo así como una pequeña travesura que no merece más que una reprimenda de los padres en vez de un gran enojo o un castigo mayor.
El problema que tiene el pecado venial es que a la larga nos dispone al pecado mortal.
El pecado venial merece castigos temporales en este y el otro mundo, es decir en el Purgatorio. Estos castigos son útiles para poder purificar nuestra alma.
También, al igual que con los pecados mortales, es muy bueno para el espíritu y para limpieza de nuestra alma confesarlos con un sacerdote, aunque en este tipo de pecado no es condición indispensable.
Tu propósito semanal es reflexionar sobre tus acciones y preguntarte si has cometido algún pecado que necesite ser confesado.
También, dedica tiempo a ayudar a otros, buscando hacer el bien en tu comunidad.
FIABILIDAD DEL CONTENIDO
Todas las lecciones de "Catequesis para niños católicos" están fielmente basadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en libros de autores reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si bien yo lo redacto, nada es idea u opinión mía
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